Melanoma
Este cáncer cutáneo aparece cuando los melanocitos -las células que elaboran la melanina, responsable del color de la piel, del pelo y del iris de los ojos, que además funciona como un fotoprotector y defiende los tejidos de la acción solar- se malignizan.
Esta tumoración tiene una incidencia de 5,5 nuevos casos anuales por cada 100.000 habitantes, cifra que aumenta cada año.
La enfermedad es más frecuente en las mujeres que en los hombres, y se padece en piernas y caderas, mientras que entre los varones se da más en el tronco, el melanoma es curable en sus etapas iniciales, pero tiene muchas más probabilidades de propagarse a otras partes del cuerpo.
Su tratamiento depende del tipo y del estadio del tumor, así como de otros factores como el estado de salud y la edad del paciente aunque se suelen utilizar cuatro tipos de tratamiento, casi siempre de forma combinada:
Cirugía (el tratamiento más común, que consiste en la total extirpación del tumor junto a una parte del tejido sano que hay a su alrededor para evitar que el cáncer se reproduzca si ha invadido otras zonas) quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia.
Un diagnóstico más preciso
Como cirugía y tratamientos con quimioterapia y radioterapia, agresivos para el paciente.
Frente a las críticas a un posible sobrediagnóstico es preferible que puedan aparecer falsos positivos a que un diagnóstico más conservador degenere finalmente en melanoma y ya sea tarde, porque en este tipo de cáncer un diagnóstico temprano garantiza el tratamiento quirúrgico y curación de un 99% de los casos.
La extirpación del melanoma
Para extirpar el tumor de piel tipo melanoma se emplea habitualmente la cirugía de Mohs, consiste en analizar al microscopio todos los bordes del tumor, haciendo una biopsia intraoperatoria.
El patólogo informa del estado de la muestra y, si es preciso, se procede a ampliar la zona. Se trata de no cerrar el defecto hasta no tener la seguridad de que se haya extirpado todo el tumor.
La diferencia con las técnicas de cirugía convencional es abismal ya que se extirpaba el tumor e inmediatamente después se reconstruía la zona afectada.
Esta técnica, además de asegurar la extirpación total del tumor, favorece la máxima conservación del tejido sano y eleva el porcentaje de curación.
Primero se anestesia la zona afectada para que quede insensibilizada por completo; después se procede a extirpar la capa de piel afectada por tumoración y se extraen pequeñas porciones del tejido extirpado para examinarlo al microscopio y poder determinar si el tumor ha sido eliminado o no en su totalidad.
A la espera de los resultados del laboratorio (unos 35-40 minutos) se cura la herida provisionalmente para evitar el sangrado.
Si tras el análisis del tejido se detecta alguna célula cancerosa, se repite todo el procedimiento pero sólo en el área afectada.
