Lupus Diagnóstico
Tras una completa historia clínica el médico de cabecera indicará la realización de una serie de análisis para conocer el número de glóbulos rojos o hematíes (células que transportan el oxígeno en la sangre), de plaquetas (muy importantes en el mecanismo de coagulación de la sangre) y leucocitos o glóbulos blancos (que son las células del sistema defensivo inmunitario).
También puede indicar la realización de otros análisis específicos para valorar la posible lesión de determinados órganos (riñón, hígado, fondo de ojo, presencia en la sangre de anticuerpos antinucleares, etc) y para evaluar la intensidad de la respuesta inflamatoria y autoinmunitaria. A la vista de los datos es probable que su médico de cabecera le remita a un especialista en enfermedades autoinmunes.
Antes de establecer el diagnóstico del lupus eritematoso sistémico hay que descartar que las manifestaciones clínicas sean debidas a una serie de fármacos, capaces de provocar un síndrome parecido al lupus. Entre los que se ha demostrado una asociación con el síndrome lupoide se encuentran: Clorpromazina, Hidralazina, Isoniacida, Metildopa y Quinidina. Entre los que se ha descrito una posible asociación se encuentran: Nitrofurantoina, Levodopa, Litio y otros.
El primero de los escollos que se encuentran es que, con frecuencia, se tarda años en llegar a un diagnóstico claro. El lupus dérmico produce importantes lesiones en la piel, es el más llamativo y común. Pero también puede afectar a muchos otros órganos del cuerpo humano. Puede confundirse con la artritis reumatoide o con la esclerosis múltiple.
Otra peculiaridad de la enfermedad es que no siempre está activa. Aparece en forma de brotes y puede generar discapacidad. Sus síntomas más comunes, entre los muchos que puede producir, son dolor en las articulaciones, en los músculos y fatiga intensa.
