Hepatitis Tipos
Una hepatitis puede ser, según su duración, aguda (duración hasta seis meses) o crónica (duración superior a los seis meses).
La hepatitis aguda es una inflamación del hígado de instauración rápida que se acompaña de una elevación importante de las enzimas hepáticas en la sangre (transaminasas), aspartato-aminotransferasa (AST) y alanino-aminotransferasa (ALT), pudiendo aumentar también el nivel de bilirrubina.
En el hígado se produce una infiltración inflamatoria difusa con alteración de la estructura lobular normal del hígado.
Las causas que pueden producir una hepatitis aguda son numerosas. Destacan por su frecuencia las siguientes:
- Tóxicos como el alcohol (hepatitis alcohólica)
- Medicamentos como el paracetamol a dosis excesivas (hepatitis tóxica o medicamentosa)
- Enfermedades del metabolismo (hepatitis metabólica)
- Enfermedades causadas por virus, como la mononucleosis infecciosa y la infección por citomegalovirus, y de modo predominante, las hepatitis causadas por los virus A, B, C, D y E (hepatitis víricas)
Hepatitis A y B
El virus de la hepatitis A es un picornavirus (género hepatovirus) que se transmite por vía oral a partir de personas infectadas o por la ingestión de agua y alimentos contaminados. Produce síntomas en un 50% a 75% de los adultos, pudiendo cursar de forma asintomática hasta en un 90% de los niños.
La hepatitis A puede sospecharse ante un cuadro clínico de hepatitis en un paciente joven en ausencia de antecedentes de infección por vía parenteral (inyección o transfusión, drogadicción). El marcador de la infección por el virus A es una inmunoglobulina antivirus A que se determina en el laboratorio. La hepatitis A evoluciona en la mayoría de los casos (99%) hacia la curación completa. Son muy raras las formas fulminantes de hepatitis A y casi nunca evolucionan hacia una forma crónica.
El virus de la hepatitis B se transmite por vía parenteral (por inyección o transfusión) y a través de las relaciones sexuales. Para la hepatitis B el marcador es la inmunoglobulina antivirus B. La hepatitis B evoluciona hacia la curación en el 90% de los casos; el resto suele evolucionar hacia una forma crónica, y algún caso puede seguir un curso fulminante.
Hepatitis C, D y E
El virus de la hepatitis C se transmite por vía parenteral (inyección, transfusión de sangre contaminada, inyección de droga con aguja contaminada, tatuaje, piercing) y, ocasionalmente, por vía sexual, aunque el contagio sexual es menos frecuente que en la hepatitis B. La hepatitis C cursa a menudo (casi en el 90% de los casos) sin provocar síntomas, por lo que suele descubrirse tardíamente, una vez evolucionada a una hepatitis crónica.
La hepatitis C se diagnostica si se demuestra la positividad de los anticuerpos contra el virus C. La hepatitis C muestra una marcada tendencia a evolucionar hacia una hepatitis crónica, algo que sucede en el 85% de los casos, pudiendo evolucionar hacia una cirrosis hepática en el 20% y hacia el cáncer de hígado en el 50% de los casos de cirrosis.
El virus de la hepatitis D (deltavirus) necesita para infectar la colaboración del virus de la hepatitis B. También se transmite por vía parenteral.
El virus de la hepatitis E, cuya presencia no se ha descrito en Europa, se transmite por vía oral, a veces en forma de epidemia.
La evolución de una hepatitis aguda vírica suele ser muy variable, desde formas asintomáticas, que pasan desapercibidas para el individuo contaminado, hasta formas fulminantes con una grave insuficiencia hepática.
El periodo de incubación es el período de tiempo entre la exposición a la hepatitis y la aparición de los síntomas de la enfermedad. El periodo de incubación de la hepatitis vírica es variable: 2-4 semanas para la hepatitis A, 1-6 meses para la hepatitis B y 4-8 semanas para la hepatitis C.
