Gota Causas de gota
La gota se origina por un exceso ácido de úrico en el cuerpo, bien sea por la falta de su eliminación por el riñón, por causas desconocidas, o por un aumento en su producción, asociado a un exceso de ingesta de alimentos ricos en purinas que son metabolizadas por el organismo a ácido úrico (vísceras de animales, mariscos y legumbres).
El alcohol en exceso también aumenta el ácido úrico. En todo caso la alteración del metabolismo es causante de las 2/3 partes del nivel de ácido úrico circulante.
Este problema se suele asociar también a la diabetes, obesidad, enfermedades renales y alcoholismo.
Al aumentar el ácido úrico se produce su depósito, en forma de cristales afilados, en las articulaciones, sobre todo de partes inferiores del cuerpo (pies y piernas). Este depósito produce una inflamación de las articulaciones con un dolor intenso que se llama ataque de gota agudo.
Otra parte de los cristales se elimina por la orina en forma de piedras produciendo cólicos renales. Si los ataques de gota son persistentes se producen lesiones deformantes en las articulaciones, formando los llamados tofos gotosos que producen las lesiones de la artritis gotosa crónica.
La gota es una enfermedad sistémica cuya causa es un trastorno en el metabolismo del ácido úrico, un producto final en el metabolismo de las purinas, que debe ser eliminado a través de los riñones.
En la gota, el ácido úrico se acumula en exceso en la sangre (hiperuricemia) y se deposita en los tejidos, en forma cristalizada (cristales de ácido úrico), de modo específico en las articulaciones. La acumulación de los cristales de ácido úrico provoca inflamación en las articulaciones afectadas y en los tejidos circundantes.
Las purinas se encuentran de modo natural en el organismo humano así como en alimentos tales como las vísceras (hígado, cerebro, riñones) así como en anchoas, arenques, espárragos y setas. Normalmente el ácido úrico es filtrado por los riñones a la orina. Cuando el organismo produce en exceso ácido úrico (derivado de la dieta) o falla su eliminación, se estabiliza en forma de cristales de uratos en una articulación o en los tejidos adyacentes bajo la piel (tofos), provocando inflamación, dolor e hinchazón.
