Legionella
La legionelosis, enfermedad de los legionarios o legionella (debe entenderse de los legionarios norteamericanos, que no son precisamente jóvenes combatientes en activo, sino jubilados) es una infección aguda que afecta especialmente al aparato respiratorio (bronquios y parenquima pulmonar), provocada por la bacteria legionella pneumophila
Fue denominada así con este nombre tan militar porque se descubrió su existencia, hasta entonces desconocida, un año después del cuidadoso estudio del brote epidémico de la extraña enfermedad que emergió en la Convención Nacional de la American Legion (organización norteamericana de veteranos de guerra), celebrada en un hotel de Filadelfia en el año 1979.
Fueron afectados 182 asistentes a dicha reunión por una forma atípica de bronconeumonía que no cedía a los antibióticos habitualmente utilizados. La mortalidad de este dramático brote fue del 20%.
La bacteria legionella
La legionella pneumophila es una bacteria aerobia (que necesita oxígeno para vivir), en forma de bastoncillo de extremos romos, que se encuentra habitualmente, y de forma ubicua, en el agua.
La bacteria vive, de modo característico, en grandes reservorios de agua, incluso en los de agua caliente, de uso comunitario, como son los que suelen utilizarse en hoteles, hospitales y edificios de apartamentos.
Los sistemas centralizados de calefacción de agua y de refrigeración, así como las torres de refrigeración por agua, son el ambiente apropiado para la existencia de esta bacteria y su proyección al exterior a través de sus puntos de salida, como alcachofas de duchas, grifos, baños tipo Jacuzzi y aire acondicionado, dentro de las microgotas del agua vaporizada o convertida en aerosol.
Estas microgotas contaminadas son inhaladas por el individuo afectado, en cuyo aparato respiratorio asientan y proliferan. La enfermedad no se transmite de persona a persona.
En los hospitales se combinan dos condiciones favorecedoras de la contaminación y de la consiguiente infección: por una parte, la existencia de reservorios comunitarios de agua en los que puede vivir la bacteria Legionella pneumophila y por otra, la presencia de un número significativo de pacientes con escasa capacidad defensiva frente a la infección.
Las mismas circunstancias se dieron en el hotel de Filadelfia donde se declaró el primer brote epidémico: la mayoría de los afectados eran ancianos veteranos de guerra y el sistema de calefacción y refrigeración era comunitario.
Factores de riesgo para contraer legionella
Y es que la infección por Legionella pneumophila ocurre preferentemente en individuos con escasas defensas inmunitarias: en unos casos, por su edad avanzada, a la que se asocian con factores propicios el enfisema pulmonar, sobre todo en los fumadores y al alcoholismo crónico; en otros casos, las disminución de las defensas frente a la infección se debe al padecimiento de enfermedades que bloquean la capacidad del sistema inmunitario, como son el cáncer, la diabetes, la insuficiencia renal que necesita diálisis y el SIDA;
En otros casos, el mayor riesgo frente a la infección por Legionella pneumophila se debe a un tratamiento crónico con fármacos que deprimen el sistema inmunitario (corticoides, fármacos antineoplásicos) como sucede, por ejemplo, en aquellos pacientes a los que se les ha trasplantado un órgano (riñón, hígado, etc.).
Los síntomas de la enfermedad (que suele presentarse en brotes epidémicos y ocasionalmente en casos aislados) aparecen después de un periodo de incubación variable entre 2 y 10 días: dolor de cabeza, malestar general, dolores musculares, fiebre elevada con escalofríos y tos seca (un cuadro clínico compatible con una gripe), dolor abdominal, vómitos y diarrea, que cuando se desarrolla la bronconeumonía que habitualmente caracteriza a la afectación pulmonar provocada por la Legionella pneumophila, se acompaña de dolor de costado, disnea y esputos oscuros y sanguinolentos.
La radiografía del tórax demuestra la presencia de focos de condensación bronconeumónica.
La gravedad de la enfermedad, incrementada por la escasa capacidad defensiva de los pacientes afectados, condiciona una mortalidad entre el 5% y el 10%.
Diagnóstico y tratamiento
Las pruebas clínicas más útiles para el diagnóstico son la detección de la Legionella pneumophila en una muestra de orina y la determinación de los niveles en sangre de anticuerpos frente a la bacteria.
Los casos graves necesitan ser hospitalizados en cuidados intensivos.
El antibiótico más efectivo contra esta infección es la eritromicina.
Se conoce una forma de evolución más benigna, denomina fiebre de Pontiac, conocida unos años antes de la enfermedad de los legionarios, y posteriormente identificada como causada por la legionella, en la que los pacientes no desarrollan una bronconeumonía, sino una fiebre elevada, que se resuelve espontáneamente entre 2 y 5 días, como si fuera una gripe.
